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Este 10 de agosto, la tierra se hizo sentir con fuerza en el oeste de Colombia. A las 12:34 UTC, un potente terremoto de magnitud 7.4, con epicentro a solo 5 kilómetros al sur de San José del Palmar, sacudió una vasta región del país.
Información Oficial de USGS

¿Qué ocurrió exactamente bajo nuestros pies? Para entenderlo, debemos hacer un viaje a más de 100 kilómetros bajo la corteza terrestre y analizar la anatomía de este evento a través de los ojos de las Ciencias de la Tierra.
1. El secreto está en la profundidad: Un sismo "intermedio"
El dato fundamental de este terremoto es su profundidad de 110.3 kilómetros. En el lenguaje de los geólogos, los eventos que ocurren entre los 70 y los 300 kilómetros de profundidad se denominan sismos de profundidad intermedia.
Colombia se encuentra en una zona de subducción, un límite tectónico donde la Placa de Nazca (en el Océano Pacífico) avanza hacia el este y se introduce de cabeza, como una gigantesca cinta transportadora, debajo de la Placa Sudamericana.
A diferencia de los terremotos más destructivos que ocurren en el "contacto de fricción" (la interfaz directa entre ambas placas a poca profundidad), este sismo ocurrió dentro de la propia placa de Nazca que ya se está hundiendo. A esa profundidad, las enormes fuerzas tectónicas doblan, tuercen y deforman el bloque rocoso, provocando una fractura interna.
2. Mayor cobertura, menor intensidad
La profundidad explica una paradoja común en la sismología: ¿Por qué se sintió en regiones tan lejanas pero no destruyó las ciudades más cercanas?
Cuando un terremoto de gran magnitud ocurre muy cerca de la superficie, toda su energía se libera en un punto concentrado, generando sacudidas extremadamente violentas en el epicentro. En cambio, cuando el sismo se origina a 110 kilómetros bajo tierra, las ondas sísmicas tienen que viajar una gran distancia vertical antes de tocar la superficie. Al ascender, la energía se "amortigua" e irradia de forma más uniforme. El resultado es un sacudón que se siente con fuerza moderada pero sobre un territorio inmenso.
3. Descifrando la "Pelota de Playa": Una falla oblicua
Para los entusiastas de la geología, el dato técnico más fascinante es el mecanismo focal del sismo, representado gráficamente por el Servicio Geológico como un círculo azul y blanco que popularmente llamamos "pelota de playa".
Este gráfico nos describe dos posibles planos de ruptura para el terremoto:
Plano 1 (NP1): Rumbo (strike) de 226°, inclinación (dip) de 72° y un desplazamiento (rake) de 33°.
Plano 2 (NP2): Rumbo (strike) de 124°, inclinación (dip) de 59° y un desplazamiento (rake) de 159°.
Traducido a un lenguaje sencillo para todo público, este patrón nos indica que el terremoto ocurrió por una falla oblicua. Esto significa que las rocas no solo se deslizaron una al lado de la otra horizontalmente (desgarre o strike-slip), sino que también experimentaron una fuerza de compresión que empujó un bloque hacia arriba sobre el otro. Un movimiento combinado generado por las brutales fuerzas de flexión dentro de la losa subducida.
Además, los científicos estiman que un sismo de magnitud 7.4 de este tipo no es un punto en el mapa, sino una ruptura real en la roca que mide aproximadamente 105 kilómetros de largo por 15 kilómetros de ancho. ¡Una verdadera cicatriz subterránea!
El panorama histórico de la región
La zona del oeste de Colombia está acostumbrada a la sismicidad, pero los terremotos de magnitud superior a 7 a esta profundidad intermedia son poco comunes en este punto exacto, situándose cerca del límite norte donde se observan estos eventos en Sudamérica. Desde 1950, los terremotos de magnitud 7 o más en esta región vecina solían concentrarse más hacia la línea costera, siendo este un recordatorio de que la deformación interna de las placas activas abarca extensiones continentales.
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